Bosnia, una lección de vida

10 razones viajar con niños“Mamá, ese niño tenía 7 años cuando murió, era tan pequeño como yo, ¿por qué?” Móstar. Centro de la ciudad. Lo que en su día fuera un jardín ahora es un pequeño cementerio con lápidas blancas y una fecha que se repite: 1993.

“Cariño, había una guerra. Por eso es tan importante hablar y tratar de entenderse. Cuando a las personas ya no les sirven las palabras, entran en acción las pistolas” Una lección de vida. Real y dura, pero importante.

Durante aquel viaje inolvidable, yo intentaba mantener a mi hija mayor al margen de esos pequeños cementerios que jalonan la ciudad, pero ella acudía atraída por una curiosidad ante algo nuevo, diferente, en medio de la cotidianidad de la vida en Móstar, todavía con las secuelas del sufrimiento en algunos de sus edificios pero con una belleza mágica.

Dormimos en un hotel museo precioso cuyos dueños hablaban español; la habitación parecía sacada del cuento de las Mil y una noches y las niñas disfrutaban mucho siguiendo el juego y sentándose sobre sus rodillas en el vestíbulo para jugar a tomar el té.

mostarTuvimos la gran suerte de poder cenar en la terraza que miraba directamente al famoso puente de Móstar mientras la ciudad anochecía en luces. Verde, muy verde. El río. Las fachadas de alegres colores. Y la magia de ese puente que nos erizaba el vello, mientras las niñas, ajenas, jugaban entre ellas.

 En Bosnia no les gusta que el peso de la guerra eclipse la belleza del lugar, pero todavía está todo demasiado reciente y presente en Europa y en el mundo como para obviarlo.

Tras una escapada de un par de días a Croacia para disfrutar de Dubrovnikregresamos a Bosnia esta vez para ver Sarajevo. Por suerte las niñas durmieron todo el trayecto porque estaba lleno de curvas aunque me apenó que se perdieran uno de los paisajes más bellos que jamás he visto en mi vida. Y es que cruzar aquellas increíbles montañas entre brumas, picos escarpados y frondosidad que quitaba el aliento fue algo inolvidable. Por suerte se despertaron para compartir la guinda del trayecto: una lluvia ligera que dio paso a un arco iris que dejaba sin palabras y es que, casi casi, se podía tocar con las manos. Indescriptible.

El GPS se volvió loco en las montañas y por suerte al final llegamos a Sarajevo directamente desde el serpenteante sendero de la montaña. El colorista zoco, otro famoso puente, las casitas de colores, la gente jugando al ajedrez en la calle…y la magia que destila Sarajevo, como Móstar, presente en cada rincón. 

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2 Respuestas a “Bosnia, una lección de vida

  1. Sí que es una lección de vida, ya lo creo. Siempre intentamos alejar a los niños de las cosas que les puedan impresionar pero es cierto que tampoco pueden vivir en una burbuja y es bueno explicarle arreglo a su edad las cosas. Me gusta lo del arco iris y ese paisaje tan mágico.

    • Gracias. De nuestra aventura por los Balcanes fue la más impactante, y en cuanto al arcoiris y aquellas montañas, en medio del silencio, es una imagen que me acompañará siempre 😉

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